Demanda en Estrasburgo para recuperar el cuerpo del anarquista langreano Aquilino Baragaño

983790_10203934772201835_377209575727345209_nLuchó con Higinio Carrocera y sus restos fueron secuestrados para ser inhumados en el Valle de los Caídos, donde aún permanecen

La gijonesa Maribel Luna ha llevado al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo la demanda para la recuperación de los restos de su abuelo, el anarquista langreano Aquilino Baragaño “el ruiseñor de Lada”, secuestrado en el Valle de los Caídos.
“Es una vergüenza tener que ir fuera de nuestras fronteras buscando Justicia, pero no ha quedado más remedio. Hemos recorrido todos los caminos posibles, judiciales y no judiciales, pero ningún organismo se interesó de una manera seria por nuestra petición. A todos ellos recordarles que esta familia no se rinde y seguirá luchando hasta el final….. por último agradecer la labor altruista de nuestro abogado Aduardo Ranz.” (testimonio de la familia)

Pequeña biografía de Aquilino que aparece recogida el libro Guerra Civil, Franquismo y represión en el concejo de Salas. 

Aquilino Baragaño Montes “el ruiseñor de Lada” nació el día 1 de mayo de 1910 en el pueblo de Candaneu. Su padre, Crisanto Baragaño, se casó en primeras nupcias con Francisca Montes, con quien tuvo cinco hijos: Pepe, Reinerio, Aquilino, Orive y Nuncia. Del segundo matrimonio entre Crisanto y Pilara, nacieron otros cinco vástagos: Honorino, Eudosia, Secundino, Elena y Zulima.
Aquilino cursó sus estudios en las escuelas de Peñarrubia. Sus antiguos compañeros contaban que de niño era alegre, extrovertido, murguista y muy humano, además de tener fama de gran aventurero. Nos relataba su hermano que cuando era joven le llevaba a buscar tesoros a las cuevas de la Peña de Villa. Se alumbraban con teas y se adentraban hasta lugares que, con el tiempo, descubrieron que eran demasiado peligrosos. Podían haber caído por un agujero sin descubrir su ansiado tesoro…
A los catorce años dejó el colegio para empezar a trabajar de “guaje” en el Pozu Fondón de Sama. Más tarde fue ayudante y al final picador. Le dieron de baja en la empresa el 31 de diciembre de 1936, fecha en la que se alistó oficialmente en las Milicias.
Trabajador minero como era, mamó desde muy joven el espíritu revolucionario del pozo y la conciencia de clase. Destacó en las revueltas mineras y participó en la revolución del 34. Afiliado a CNT, era un anarquista valiente y revolucionario como muchos de su generación… Finalizado el movimiento obrero un día su madre fue a dar de comer al ganado y encontró varios fusiles entre la hierba. Enseguida se imaginó a quién pertenecían…
Siempre llevaba una boina grande al estilo vasco, y unos pantalones anchos llamados “chanchullos”. Su diversión estaba en ir a los bares y después de tomar una “botellina” de sidra, echar unos “cantarinos”. Al parecer lo hacía bien y era muy simpático, por eso le llamaban el “ruiseñor de Lada”.
Conoció a su mujer, posiblemente en Trapa, donde había un baile. Ella vivía con su familia en Llandoso. Se casaron por lo civil y alquilaron un piso en Lada, donde nacieron sus hijos. Después de participar en el asalto a los cuarteles de la Guardia Civil de Sama y La Felguera, el 1 de septiembre de 1936 se alistó de manera oficial en el Batallón de Higinio Carrocera. Esta unidad estaba creada exclusivamente por voluntarios de la CNT del concejo y otros evadidos de León.
Según cuenta su hija, Aquilino se despidió de su mujer entregándole su abrigo y un reloj. Le dijo que iba al frente de Belmonte y que allí las cosas estaban duras. Nunca más volvieron a verle. La familia se preguntaba cómo podía marcharse y dejar a sus hijos tan pequeños. Estaba claro que su compromiso se impuso a todo lo demás. Aquilino fue a luchar por sus ideales.
Llegó el día 21 de marzo de 1937, con su batallón situado en el pico Folgueras. El lugar estaba nevado ya que había un fuerte temporal de frío. Las temperaturas eran realmente bajas. Como era cabo, esa noche le ordenaron que dirigiera a su escuadra. Era necesario realizar una patrulla en campo enemigo. Avanzaron sobre Quintoños, pero les estaba esperando emboscado un numeroso pelotón de falangistas. A continuación se sostuvo un duro combate que se dilucidó con dos bajas: un herido y un desaparecido.
El desaparecido resultó ser Aquilino. Según contó a su nieta un vecino de Quintoños, éste recordaba como sus compañeros le decían: “¡Quilinín ven! ¡Quilinín ven!”. Pero Aquilino ya no pudo regresar… una bala le había alcanzado en la cabeza y estaba gravemente herido. Fue hecho prisionero instantes más tarde, trasladándole sus captores a lomos de una mula a Cornellana y después al Hospital Militar de Salas, probablemente con intención de interrogarle, donde fallecería el día 22 de marzo de 1937.
Le inscribieron en el Registro Civil de Salas el día 14 de abril de ese mismo año. Qué triste coincidencia. Hacía solamente seis años de que se proclamara la República. Según certificación facultativa lo hicieron en virtud de la comunicación del jefe del hospital militar de la villa. Como el cementerio municipal estaba repleto, su cuerpo recibió sepultura en La Barrosa de Godán.
Al finalizar la guerra en Asturias, su mujer, Asunción Espina, como miles de esposas de combatientes, tuvo que huir hacia Cataluña con sus hijos. Allí pasaron todo tipo de calamidades. Es imprescindible resaltar en este libro el valor que demostraron todas aquellas mujeres. Ellas recogieron lo poco que tenían y se embarcaron hacia lo desconocido.
Pasarán veintidós años y el 2 de abril de 1959 se inaugura el Valle de los Caídos, creado por el dictador quizá para redimirse ante su Dios. Ante la demora de la finalización de la obra, los cuerpos de sus seguidores ya estaban enterrados. Serán necesarios nuevos restos con los que rellenar aquellas criptas, por lo que el tirano tomó la decisión de exhumar las fosas donde se encontraban sepultados sus enemigos, para transportar los restos de éstos al lugar de culto que él había ideado.
En la noche del 2 de julio del mismo año, silenciosamente, sin pedir permiso a las familias, serán exhumados los cuerpos de las personas sepultadas en La Barrosa para trasladarlas a aquel horrible lugar.
Aquilino Baragaño, un anarquista revolucionario y anti-católico, será registrado con el número 10.032, colocando su cadáver en el columbario 2.135, cripta derecha, piso tercero. Su familia nunca tuvo conocimiento de dónde se encontraban el cadáver, pero al final de una larga búsqueda lo han encontrado.
Su nieta Maribel, valiente donde las haya, nunca conocerá la palabra “rendición”. Peleará hasta el final con el objetivo de que su abuelo regrese a las montañas que lo vieron nacer. Un lugar que jamás debió abandonar. Cuenta con el apoyo de su compañero y del resto de su familia.
Todos saben a ciencia cierta que aquel minero anarquista nunca habría querido terminar sepultado bajo una gran cruz católica. Seguramente ni en ni sus peores pesadillas imaginó buscar la eternidad enterrado a escasos metros de la tumba del dictador que lideró la fractura de un régimen legalmente constituido como fue la II República.
Que nadie lo dude, aunque los diferentes gobiernos y la clase política actual hagan oídos sordos, ella seguirá buscando los caminos posibles para que se haga Justicia. Nosotros, los que la queremos, estaremos apoyándola sin cortapisas. Al final lo conseguiremos, porque somos personas libres, creemos en la verdadera Democracia y nos ampara la razón.

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